La gente nos pregunta "¿por qué están en Coro?". La mejor manera de responder es invitándolos a nuestra casa, pues es en este recinto de paz, donde se narra a través de su espíritu y sus detalles, nuestro amor por esta tierra falconiana. En cada muro hemos volcado nuestra pasión por la restauración y por la conservación de nuestra historia. En 1997, después de dar vueltas por el mundo, llegamos a esta ciudad única, tranquila y humana, que nos ha inspirado a crear una forma de vida diferente, que nos ha llevado al deseo de organizar nuestra vida alrededor de un patio coriano.

Así pasamos nuestros días, danzando entre los corredores de la casa, viendo como nuestra hija Oriana crece revoloteando libre con sus alas abiertas y recibiendo gente de otras partes del mundo, que como aves migratorias anidan en nuestra morada para dejarnos su energía y la alegría de haber compartido lo nuestro.

Coro es su gente y sus casas.
La casa coriana es parte esencial del universo coriano.
En sus patios late un corazón que
atrapa el cielo, la luz y las estrellas.

Nuestra casa es una extensión de nosotros mismos, aquí nos sentimos plenos,
rodeados de la más absoluta paz. La posada se ha convertido en un proyecto de vida, en un constante intercambio cultural con cada nuevo visitante.

Es el lugar ideal para la tertulia y la conversación, un cafecito, buena música, arte, curiosidades y buena vibra.